viernes, 5 de septiembre de 2014

Un aliento


Su respiración era profusa e inquietante, casi se podía sentir cuando sus pulmones se abrían paso en una bocanada de aire para aspirar un poco de vida y cuando en un exhalante golpeteo mandaba una incesante señal de auxilio  indescifrable.

Era su mirada inquieta e insospechada la que te quemaba a ratos, como intentando escapar de su cuerpo y hacerse a uno diferente, menos cansado,  menos sometido a esta prueba diaria.

Trazaba líneas casi perfectas, rematándolas con la luz del “recuérdame por siempre” y un sepulcral suspiro, como para hacerse a la eternidad, con tanto a cuesta. Ya le pesaba tanto, pero insistía, era su pasión, despotricaba. Imposible rendirse, era su pasión.


Habían un ambiente de una vida pasada o quizás era sus cansadas ganadas de vivir exhaladas, quizás eso le hacía más noble o menos comprensible. Respirar era su pasión, a ratos se podía escuchar en el silencio algo diferente, pero no podía detenerse, necesitaba continuar.


Te soñé, te recordé



Te extraño


El vestíbulo era inundado por una tonada suave, con acordes similares a los que danzaban en su recuerdo; pero, en una tonada diferente, creo que había infringido mi recuerdo mas reciente.

Al entrar, vi como el ambiente estaba cargado de ella, tantos detalles, tantas memorias, tantos pequeños e indescifrables artilugios que solo podría construir para un recuerdo vago de un momento ido.

Aunque mi memoria me traicionó y no pude escuchar su voz, sentía como su presencia inundaba el lugar, como la luz se tragaba todo, como la reflejaba perpleja, cándida, suave ante la quietud del sueño, de mi sueño, de su sueño. 


El tono de cada instante era pintado en un suave marrón, para evocar la época imagino que lo usaste, para recordarme que solo es un sueño y nada mas, que me quedan pocas horas de vida en tu bien detallado y complejo escenario.

Espacio personal


"Suele ser algo sin importancia hasta que te ocurre a ti..."


Guayaquil es de esas ciudades cálidas, como su gente, que te recibe con temperaturas arriba de los 24º en la época no-lluviosa (sí, el verano no existe). Tan cálida, que la gente quiere sentir ese calorcito incluso cuando se la mira mal.

Ya me había pasado, creo que un par de veces, que sentía el calor denso de alguien más mientras estoy en una fila. Mi reacción natural siempre ha sido dar un paso hacia adelante, siempre. No por asco o alguna pretensión absurda, sino por respeto a mi espacio vital (al menos 20 centímetros en todas las direcciones) y al espacio de los demás. Pensaba, y sigo pensando, que entenderán que no quiero guardaespaldas pero no. Siempre fallo. Seguiré intentando...

Luego, me puse pensar en que la herencia genética nos hizo así, que marcamos presión al otro, ya sea en la fila del banco, en la metrovía o en el tráfico de las 8 pm en plena 9 de Octubre, porque nos enseñaron a trabajar bajo el calor del fuete del capataz, y nos acostumbramos.