"Suele ser algo sin importancia hasta que te ocurre a ti..."
Guayaquil es de esas ciudades cálidas, como su gente, que te recibe con temperaturas arriba de los 24º en la época no-lluviosa (sí, el verano no existe). Tan cálida, que la gente quiere sentir ese calorcito incluso cuando se la mira mal.
Ya me había pasado, creo que un par de veces, que sentía el calor denso de alguien más mientras estoy en una fila. Mi reacción natural siempre ha sido dar un paso hacia adelante, siempre. No por asco o alguna pretensión absurda, sino por respeto a mi espacio vital (al menos 20 centímetros en todas las direcciones) y al espacio de los demás. Pensaba, y sigo pensando, que entenderán que no quiero guardaespaldas pero no. Siempre fallo. Seguiré intentando...
Luego, me puse pensar en que la herencia genética nos hizo así, que marcamos presión al otro, ya sea en la fila del banco, en la metrovía o en el tráfico de las 8 pm en plena 9 de Octubre, porque nos enseñaron a trabajar bajo el calor del fuete del capataz, y nos acostumbramos.
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